Xantus Judit

(Octubre 2003)

Con la azarosa coincidencia de tres factores se suele explicar el éxito de la narrativa húngara en España en los últimos años: el descubrimiento póstumo de Sándor Márai (1900-1989), quien diez años después de su muerte se convirtió en un best-seller en toda Europa; la proyección internacional que le dio a las letras magiares la Feria de Frankfurt en el 2000, cuando Hungría fue el país invitado; y, finalmente, el Nobel de Imre Kertész el año pasado. Sin embargo, ha habido una cuarta razón: la extraordinaria aportación personal de la recién fallecida Judit Xantus. Y no sólo como traductora. Con sus informes y propuestas, con su insistencia y capacidad de seducción, con su energía e inventiva, logró que se publicasen obras húngaras en España mucho antes de que llegara la hora prodigiosa de las letras magiares. Fue la primera traductora de Kertész al castellano (con nada menos que Sin destino, en 1996) y en su versión apareció Último encuentro, la novela que hizo de Sándor Márai un auténtico fenómeno literario más de medio siglo después de su escritura. En total, son unos veinte libros los que ha traducido Xantus en estos años, entre ellos algunas de las más grandes novelas húngaras de todos los tiempos, como Alondra y Ana la dulce de Dezsö Kosztolányi (1885-1936), La carroza carmesí de Gyula Krúdy (1878-1933) o El viajero y la luna de Antall Szerb (1901-1945). Sin embargo, su trabajo más personal y, posiblemente también el más desafiante, fue la traducción de varias obras de un narrador contemporáneo, Péter Esterházy, con quien llegó a colaborar tan estrechamente que él la declaraba a ella coautora de la versión castellana de sus libros. La virtuosa traducción de Armonía celestial, la obra magna de ese autor ha sido el último trabajo publicado de Xantus, pero están por salir todavía algunas otras traducciones suyas, entre ellas una novela de Márai.

A pesar de aterrizar en España con más de treinta años cumplidos, el castellano de Judit Xantus era el de un filólogo nativo e, incluso, su pronunciación era tan perfectamente castizo que nadie hubiera creído que no había nacido en Valladolid. Nieta de un gran naturalista húngaro, fundador del Zoológico de Budapest, hija de un importante pintor y hermana de un destacado director de cine, Xantus se licenció en Filología Francesa y Española en la Universidad Eötvös Lóránd en 1975. Empezó su carrera como traductora al húngaro de varias lenguas y compiló asimismo una antología de relatos contemporáneos mexicanos. Llegó a España en 1984, donde primero se dedicó a la enseñanza del inglés y el francés. Después del derrumbe del imperio soviético, se convirtió en corresponsal de la Agencia de Noticias Húngara MTI. Pero su verdadera vocación ha sido siempre la del traductor, oficio que llegó a ejercer con asombrosa facilidad incluso en una lengua que en un principio no era la suya. Su trabajo ha merecido varios galardones, entre ellos el de la Academia de Ciencias Húngara. El boom de las letras magiares, al que Xantus contribuyó de manera tan decisiva, generó tal avalancha de traducciones que ella ya no daba abasto. Ante tal situación, y removiendo cielo y tierra, este verano organizó en Hungría un taller de traducción al castellano para ayudar a formar futuros traductores. Su muerte a los 51 años no sólo ha segado una vida en la cima de su actividad profesional, sino que también truncó la inesperada marcha triunfal de la gran literatura de un pequeño pueblo que, con la meritoria salvedad de Adan Kovacsics, ahora no tiene quien la traduzca.

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