No existen pueblos inhumanos o xenófobos

Lamula.pe (14 de septiembre 2015)

Gracias a las políticas del primer ministro Orbán —del nacional-cristiano partido FIDESZ– Hungría, es percibido por algunos como un país inhumano y xenófobo. ¿Cómo se asume eso siendo un ciudadano húngaro?

No existen pueblos inhumanos o xenófobos, pero existen políticos que fomentan el odio y el miedo a lo distinto. Si las circunstancias externas (una crisis, por ejemplo) e internas (la debilidad de sus adversarios demócratas) les son propicias, estas tendencias se robustecen, se hacen ruidosas y cuando, como es el caso, son elevadas a política de Estado, llegan a parecer exclusivas. Pero no lo son. Me apena la política oficial de Hungría, pero –junto con millones de mis compatriotas– no me identifico con ella ni con la nefasta imagen que genera.

¿Cuál dirías que es el sentimiento habitual de la gente de la calle sobre esta situación? ¿Dista de las posiciones oficiales del gobierno o está en sintonía con ellas?

Como siempre en situaciones semejantes, la gente está dividida, y la histérica campaña del gobierno contra los refugiados agudiza las diferencias.

Las escenas que llegan desde Hungría son sumamente chocantes: refugiados prácticamente enjaulados, represión brutal, trato despectivo… aún cuando los refugiados ni siquiera quieren quedarse en ese país. ¿Ha habido alguna reacción a estos abusos por parte de la sociedad civil? ¿Alguna movilización o contracampaña?

El inhumano trato a los refugiados ha movilizado parte de la sociedad: intelectuales de renombre y los menguados partidos democráticos no paran de protestar y, de manera espontánea, se ha creado un eficaz movimiento de solidaridad que, mediante sus voluntarios, ofrece asistencia y ayuda a los refugiados. Lamentablemente, las iglesias cristianas de Hungría (de las cuales la católica es la mayoritaria) hasta ahora no ha hecho nada al respecto, violando así los principios más elementales de su propia religión.

¿Qué tiene que ocurrir en los medios de comunicación públicos para que una reportera como Petra László patée a una niña que busca refugio y luego se ría de ello?

No fue una reportera de la televisión pública, sino de un canal financiado por JOBBIK, partido de extrema derecha que, en cuanto a la intención de votos, se ha convertido en la segunda fuerza política del país, refutando así aquellos argumentos según las cuales la radicalización del gobierno frenará a los radicales.

En cualquier caso, en el ambiente del furibundo nacional populismo que fomenta el gobierno de Orbán desde el principio, es lógico que se produzcan semejantes casos y se espera que ocurran cosas aún peores. El parlamento húngaro acaba de aprobar una ley (por otra parte, anticonstitucional) que permite enviar unidades del ejército para defender la frontera contra la invasión de los inmigrantes ilegales.

 Está claro que el tema de los refugiados ha sido instrumentalizado políticamente por Orbán. El viejo truco, como dices en un artículo publicado en La Vanguardia (Barcelona) de “provocar el caos para tomar medidas extraordinarias”, una práctica muy cercana al fascismo, por otro lado. ¿Dirías que le está dando resultados?

Sí y no. Como todos los políticos populistas y sin principios, Orbán sólo piensa en los resultados inmediatos. Es verdad que su política hostil con los refugiados ha movilizado su propio bando, pero no ha aumentado ni en un solo por ciento su popularidad. Ha generado, en cambio una toma de conciencia entre sus opositores democráticos y, de paso, él se ha convertido en el político más despreciado de la Unión Europea.

Europa es un territorio construido a base de migraciones, oleadas de escandinavos, celtas, galos, romanos —y luego italianos, griegos, alemanes, españoles— han definido en su movilización el continente. ¿Por qué parece que no se ha aprendido nada a lo largo de los siglos? ¿por qué el temor?

La humanidad nunca ha aprendido nada de las lecciones del pasado, por más terriblemente instructivas que ésas fueran. Va contra los instintos individuales,  el espíritu gregario y la socialización básicamente tribal. Cada generación tiene que volver a luchar por la justicia y la libertad, o sea, por dos abstracciones que se oponen no sólo a muchos intereses personales y grupales, sino que a menudo se contradicen entre sí.

¿Crees, como sugieren algunos, que los cientos de miles de refugiados sirios cambiarán la cara al continente?

Bobadas. La UE tiene 500 millones de habitantes y el continente más de 700. ¿Cómo va a cambiar su faz la llegada de dos o trescientos mil de refugiados? Si bien un poco lifting no le iría mal. De todas formas, yo creo que es falso el enfoque de la crisis como un problema para Europa. El verdadero problema, la tragedia, está en los países desde donde vienen los refugiados.

¿Qué medidas crees que debería tomar la Unión Europea en su conjunto para gestionar esta crisis? ¿Cómo asumir una responsabilidad común cuando hay tanta disparidad entre los países miembros?

Es tan sencillo, como imposible. Antes que nada, haría falta una responsable, solidaria y coordinada actuación ya no sólo de la UE, sino de todo el mundo desarrollado para gestionar la llegada de los refugiados. Al mismo tiempo haría falta empezar a trabajar en la creación de un nuevo orden mundial en que los países más castigados vuelven a ser habitables.

 

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Filed under Entrevista, Közélet, Politika, Publicisztika, Uncategorized

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