Inventario secreto de La Habana

lateral no 126, junio 2005

A pesar de corresponder a una serie de tópicos que la crítica más avanzada espera de un texto literario en la era postindustrial, Inventario secreto de La Habana es un libro extraordinario y  original. Ya saben a qué tópicos me refiero: que la obra no tenga nada lineal, y menos la trama; que no sea posible definir su género; y qué cuente con una elevada dosis de componentes metaliterarios y autorreferenciales. A nada de esto parece haber aspirado el cubano Abilio Estévez (1954). Él ha escrito un libro sobre su ciudad –su versión personal de La Habana–, que forzosamente tenía que ser un libro sato, que es la voz cubana para los perros de raza dudosa, o sea, mezclada, pero también para las personas coquetas. Pero la gracia no está ahí –más de uno ha fracasado con semejante intento–, sino en el rigor de su investigación, el valor de su confesión, la inteligencia de su reflexión y la melancólica madurez de su redacción.

El resultado es un libro excepcionalmente hermoso e inteligente sobre La Habana, o sea, una de las ciudades más fascinantes, comentadas y literarias de la América hispánica, y, por extensión, sobre el concepto de la ciudad, el mar y la isla, la idiosincrasia habanera (la cubanía, en fin), y también sobre ese ilustre habanero llamado Abilio Estévez, que desde diversos escenarios catalanes rememora, añora y piensa su ciudad y su propia vida, por tanto no es sólo el cicerone de esta historia, sino también su co-protagonista, uno de sus sujetos literarios.

Este último punto constituye el hecho diferencial de este libro, que al principio parece un conjunto feliz pero algo azaroso de muy diversos elementos: de historias personales (ésas que le hacían inventar a Virgilio Piñera que Ionesco volvió decepcionado de la Isla porque ahí ya estaba descubierto lo absurdo); de pasajes ensayísticos (sobre esa isla donde “lo verdaderamente firme está en el mar”, sobre ese “mar del miedo y también el de las lejanas promesas”); de la memoria colectiva de una ciudad (con la mitomanía habitual en un cubano: anécdotas –literarias, eróticas…– sobre Lorca, Marlon Brando, Cernuda, Caruso…); de (deliciosos) textos ajenos (desde Humboldt hasta María Zambrano, pasando por Lezama, Cabrera Infante y muchos otros) …  Pero conforme avanza la lectura, el material disperso va transformándose en narración, en una historia que dibuja –con una arrebatadora vuelta de tuerca final– una secreta trama ya no sólo de La Habana, sino también del narrador de ese maravilloso libro.

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Filed under Irodalom, Könyv, Kritika, Kultúra, Web

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