Entrevista a Marcelo Birmajer

“Mis medicamentos son la risa y el sexo”

 No 125, mayo 2005

 

Marcelo Birmajer (Buenos Aires, 1966) no es ese autor inclasificable y ajeno a los dictados de las modas y del mercado que es, según parece, la inmensa mayoría de los escritores de moda y beneficiarios del mercado. Ni siquiera es políticamente incorrecto. No, al menos, según el uso en el ámbito hispánico donde todo el mundo lo es. Birmajer resulta, entonces, un “correcto” escandaloso y divertido, un delirante “devoto de la sensatez”, que acaba de publicar su cuarto libro en España. Últimas historias de hombres casados (Seix Barral) es el tercer volumen de un ciclo de relatos, de los cuales el segundo, Nuevas historias de hombres casados (Alfaguara, 2001), fue seleccionado por nuestra revista como uno de los 13 mejores libros escritos en castellano en una década (Lateral, nº 100, abril, 2003). El protagonista de estos cuentos y de su novela Tres mosqueteros (Debate, 2001) es Javier Mossen, un joven y atormentado periodista judío argentino, marginal, conservador, erotómano y, por supuesto, casado.

 

Parece que el matrimonio es un tema inagotable para ti. ¿Será por aquella idea de Tolstoi de que todos los matrimonios son felices de la misma manera, en cambio los infelices lo son cada de un modo distinto? Por tanto, ¿la infelicidad de las parejas alimenta tu literatura?

 

No es mi caso. Mis cuentos, son de los pocos cuentos donde la tragedia ocurre dentro de matrimonios felices, pero no porque dejen de ser felices, sino porque su infelicidad, su insatisfacción continua aún dentro de un matrimonio feliz. En Tolstoi con Ana Karenina, en Flaubert con Madame Bovary lo que vemos es que esas mujeres se suicidan porque no pueden encontrar la felicidad dentro del matrimonio.

 

Bueno, aquellas son mujeres infelices, y tus protagonistas son hombres infelices.

Hombres infelices, cuando en el matrimonio sean felices.

 

No suena muy convincente

A diferencia de lo que se piensa convencionalmente, el matrimonio tiene una profunda carga erótica. Si uno se fija en la convención, la mayoría de los hombres casados, busca prostitutas y relaciones furtivas para realizar prácticas sexuales que en el matrimonio resultan escasas y prohibidas. Pero en mis libros resulta más excitante que te lo haga tu esposa. Racionalmente, va a ser más excitante si lo consigues en tu casa. Va a resultar doblemente pornográfico.

 

Pero si miramos a las sufridas heroínas de la literatura…

Yo creo que hay una profunda mala fe tanto en Tolstoi como en Flaubert, cuando se presenta a las mujeres como víctimas. Como si la sociedad las hubiera condenado, como si no tuvieran espacios… Cuando, en realidad, han engañado a sus maridos, han buscado ser folladas por otros, han sido seducidas por otros, cuando esos otros no han estado dispuesto a casarse con ellos. Yo no veo ninguna víctima, en todo caso están en el mismo nivel de maldad que los hombres. Veo un hombre aburrido y una mujer malvada, no veo víctima de nada, ni a Madame Bovary ni a Ana Karenina.

 

Tu puedes estar convencido de la erótica del matrimonio, pero tu protagonista Javier Mossen no deja de buscar experiencias fuera de esa institución.

 

Sí, pero Mossen no se considera infiel, no disfruta engañando a la mujer amada, no disfruta de la clandestinidad. No es el ocultamiento lo que le hace feliz. A él le hace feliz la posibilidad de vivir de manera distinta por medio del sexo, y no por engañar.

 

 

Pero no veo que ese afán aventurero de él sea mutuo con sus mujeres.

No, no es mutuo para nada, Mossen es un machista…

 

¿No aguantaría…?

Jamás. Ni cree en que sea posible que una mujer pueda comportarse igual que un hombre. Por ejemplo, Mossen dice: yo tengo que mantener a mi esposa. Si en última instancia hay una crisis terrible, al que van a considerar responsable de que la familia no se muera de hambre es a mí, no a ella. Si viene un ladrón y nos ataca, yo voy a poner mi pecho delante de mi mujer. Si vienen los nazis, el que tiene que conseguir el soporte de dinero para huir del país, soy yo…

 

Siempre y cuando no es al revés. Porque conozco familias –la mía, por ejemplo– donde los hombres era unos ineptos y las mujeres lo llevaban todo.

Y en la familia de Singer también. Claro, pero Mossen no lo acepta. Tiene la teoría de que el hombre tiene que ser guerrero y defender la casa, y a cambio de eso, el hombre tiene un comportamiento sexual distinto que la mujer. Pero la clave está en que las mujeres quedan embarazadas. El progresismo habla de las personas como si no hubiera ninguna predeterminación biológica. El hombre no queda embarazado, y eso lo modifica todo.

El hombre, cuando termina de fornicar quiere tomarse un taxi, quiere salir. La mujer queda más enrollada, y, bueno, el embarazo lo determina todo. Un hijo de él, un hijo de alguien adentro suyo. No es lo mismo. No se enfrentan al sexo de la misma manera.

 

No hay duda de que Mossen ha creado una fórmula perfecta y llevadera del matrimonio. Así cualquiera…

 

Yo me pregunto si no es uno de los pocos hombres casados felices y convencidos del matrimonio, gracias precisamente a la vida que lleva. El 80% de la gente que está saliendo en el libro, está separado o divorciado. Mossen es de las pocas personas que sigue casada, convencida de su matrimonio, y está enamorado.

 

¿Esa exitosa fórmula es un logro de Mossen o de la modernidad? Así el matrimonio puede convertirse en un burdel.

No es un logro de la modernidad, es un logro de las parejas felices. Desde Adán y Eva hasta hoy. Una de las utopías de Mossen, ya que no tiene ninguna utopía social, es la del rey Salomón, que logró que no haya celos ni malentendidos ni resentimientos.

 

A propósito de, ¿a ti la poligamia te desagrada como fantasía?

La poligamia como fantasía me agrada y mucho. La culpa de que la hayamos perdido fue la del rey David cuando mandó a morir a Urías para quedarse con su mujer. Ahí el Creador dijo: ustedes no están preparados para recibir ese milagro, no se merecen la poligamia….

 

David era un personaje muy contradictorio…

Y lo que hizo fue muy grave…

 

Luego fue amante de todos…

Naturalmente se puede atribuir cosas muy escandalosas al Rey David, pero lo más desagradable que he escuchado sobre él lo dijo Saramago, que es un especialista en decir insensateces, y que dijo que en la lucha entre Goliat y David, el fuerte era David porque estaba armado con una honda. Si buscamos un ejemplo del antisemitismo medieval, creo que Saramago es el ejemplo perfecto. Nosotros podemos contar las perversiones de los grandes héroes de la Biblia e, incluso, podemos llegar a ser iconoclastas, pero Saramago los presenta como inhumanos. Trata de colocarlos en el lado del Mal sólo por el hecho de haber pertenecido al pueblo judío.

 

Esos aspectos escandalosos, como los del rey David, son lo que los maestros del Talmud llamaban “verdades incómodas”.

Uno los grandes héroes del Viejo Testamento que me fascina es ese Job, que dice “yo soy inocente” que, según en que momento, es algo heroico. En la historia del estalinismo esto se ve con claridad. El hombre que es torturado, se declara culpable no sólo para que deje de ser torturado, sino para explicarse por qué le están pegando, y llega a un punto en el que dice: “algo malo debo haber hecho” para darle una racionalidad al hecho de que está sufriendo. Esta es la actitud de muchos judíos progresistas respecto al nazismo y el terrorismo. Y entonces se vuelcan contra ellos mismos, y contra Israel.

 

Entonces estarán en el mismo bando de Saramago

Saramago es uno de los creadores del pensamiento de que ahora los judíos son los nazis. Si a un nazi le pillan con una bomba, ya no es nazi, pero si un judío le pide documentos a un gentil o a otro judío, eso es racismo.

 

Bueno, pero Saramago no acusa a Israel con pedir documentos indebidamente, sino con que está cometiendo genocidio…

Uno de los grandes dislates de Saramago es haber comparado Auschwitz con Ramalá. El 60 % de los jóvenes desconocen lo que ocurrió en Auschwitz. Por mucho que aparezca en los diarios, en la tele o en el cine, lo desconocen. Entonces, los jóvenes que escuchan a Saramago creen que Auschwitz era un lugar con una autonomía judía, con un primer ministro judío, donde había periódicos, donde había un 50% de gente debajo del umbral de la pobreza y el otro 50% se las arreglaba, que había grupos terroristas judíos, que atacaban a los nazis repetidamente, y que incluso los atacaban antes de que Hitler subiera al poder. Y que cada tanto, el ejército nazi entraba en Auschwitz y, tratando de matar a terroristas, también mataba a judíos en cantidad de cinco ó seis por incursión. Que no hubo cámaras de gas, que a los niños y los viejos no los asesinaban en las cámaras de gas, que no había esos muertos vivientes en uniformes de prisioneros… Los que no conocen los hechos, van a pensar que Auschwitz es Ramalá. Y esto es revisionismo.

 

Sin embargo, fue declarado genocidio por los medios

¡Ah, la batalla de Yenin…! Murieron cincuenta y dos palestinos, de los cuales cerca de cuarenta era militantes, y murieron veinte soldados israelíes. El ejército más poderoso de Medio Oriente perdió veinte soldados para matar a cincuenta militantes. Pero podían haberlos liquidado con una sola bomba, como hace cualquier país, como hace EEUU. Y fueron casa por casa para no matar a civiles. ¡Y esto la llaman masacre! ¡Eso es indignante! ¿Cuánto duró la guerra contra los palestinos en Jordania en 1970? ¡Una semana! Mataron a once mil palestinos. ¿Cuánto duró la guerra de los fundamentalistas islámicos y de Assad en el 82? Los cercaron y mataron a veinte mil personas. No lo dice Birmajer, sino el The New York Times, lo dice Tom Friedman, que no es precisamente un gran promotor de Israel. Hay un dato matemático: han muerto más palestinos asesinados por sus compañeros árabes que todos lo que han muerto luchando contra Israel desde el 48 hasta hoy.

 

¿A qué le atribuyes el éxito universal del discurso que representa Saramago?

Son una serie de elementos. Una, la caída de la utopía de la izquierda y la invención de una nueva causa, un nuevo ideal que encarnan los palestinos. Pero ¿por qué no se eligió otra causa, por ejemplo, los kurdos?

 

Volviendo al personaje Mossen, tu alter ego, ¿cómo es tu relación con el personaje?

Me defino como en el cuento “Las ruinas circulares” de Borges. Un hombre descubre que no es un hombre cuando pasa por el fuego y no se quema. Yo no podría pasar por distintas situaciones en la vida sin quemarme. Por eso, me sitúo en Mossen para vivir repetidas relaciones que podrían arruinar mi propia vida sentimental. Él hace la siguiente reflexión: si no tengo otras relaciones, vivo la mitad de la vida, pero si pierdo mi relación estable, la pierdo toda. En ese sentido Birmajer es un cobarde, ocupa a su personaje para vivir cosas que él no se atreve a vivir.

 

Una de las cosas que llaman la atención en ese alter ego es que sea un erotómano.

Ahora yo te pregunto, ¿es un erotómano o es un hombre común que revela sus deseos?

 

Mossen, al ver a una mujer, sea fea o hermosa, lo primero que pregunta es cómo podría ser desnuda, cómo se pondría para ser follada… Yo diría que la mayoría de los hombres no son así ni en la literatura ni en la vida.

O no lo revelan…

 

Puede ser, pero yo creo que más bien no son así.

Yo tenía un amigo que me decía: cuando llego a la casa no quiero follar porque estoy cansado. Yo siempre pensaba que eran sólo las mujeres.

 

Y ¿qué es lo que le mueve a Mossen?, ¿su capacidad de seducción?

Más que la seducción o un cuerpo concreto, lo que más excita a Mossen es la situación. Por ejemplo, poder estar con una mujer y su madre, hacer lo que está prohibido.

 

Un transgresor, pero que no respeta siquiera las fronteras estéticas. Me acuerdo que un día se acostó con una mujer muy mayor. Y la humilló.

Ya, pero es que para esa mujer mayor él es un Adonis, y eso lo excita O que alguien le diga: “soy una solterona y que nadie me quiere follar”. Entonces Mossen aparece como un héroe y le dice: “yo te voy a follar”. Esta situación le excita más que poder ver desnuda a Ornelli Mutti en su mejor momento. Y como tampoco es una persona bondadosa, al día siguiente está arrepentido y se dice: “pero cómo he podido ser tan miserable”. Pero no lo dice porque le da pena la mujer, sino por temor de que se burlen de él porque se acostó con semejante cosa.

 

Total, que es un cerdo…

Sí es un cerdo. Pero hay que tomar en cuenta el cambio psicológico que se produce en un hombre antes y después de follar. Son dos personas distintas. Hay un desencuentro intenso con uno mismo antes y después. Y esto es un castigo divino, porque no lo eligen los hombres.

 

¿Y cuál es el estado real? ¿El de antes o después?

El estado previo es que uno es capaz de hacer cualquier cosa. Pero lo peor es el segundo, en cuanto este estado de delirio desaparece y las consecuencias terribles que genera en su suceder instantáneo. Lo primero son los hijos. Estoy convencido que la reproducción humana no debería de depender del sexo, sino del diálogo y de la racionalidad. Los hijos deberían engendrar por medio de contratos, que duren años. Como una especie de reunión de la ONU, pero con eficacia., y no lo que son las reuniones de la ONU. Un hijo debería ser más difícil de construir que una casa. Y es exactamente al revés. Un hijo se concibe en un segundo por dos irresponsables. Ahí hay algo que falla.

 

Pero luego más o menos se educan no. Tal vez esté todo previsto, dos irresponsables se cargan de responsabilidad mediante su hijo.

Yo lo diría de otra manera, que se parece mucho a la tuya. Si un hombre está dispuesto a asumir una tarea para lo que es inferior como en el caso de la paternidad –teniendo en cuenta que los hombres, todos, siempre están por debajo de lo que debería ser un padre– entonces, creo que Dios dijo que si aún siendo tan incapaz está dispuesto a asumir la tarea por amor, entonces puede aspirar a ser padre.

 

Hablando de Dios, Mossen tiene una clara preferencia por un tipo particular de ejercicio sexual que no sé si le agradaría al Creador.

Para Mossen la sodomía es una fe, y eso no es explicable. ¿Qué te voy a explicar? Le gustan los culos… Pero no hay nada original en ello, el Marqués de Sade ha dedicado miles de páginas explicando la devoción a la sodomía…

 

Ya, pero tu llevas el erotismo de tu personaje hasta las consecuencias más vulgares.

Mi próximo libro es llamado así, El hombre vulgar.

 

O sea, no habrá cuarto volumen de historias de hombres casados. Por qué quieres cerrar el ciclo si tan buen resultado ha dado.

Por una cuestión de sentido común. Yo soy muy conservador, casi un devoto de la sensatez. Entonces tres, es suficiente. Uno no tiene que hacer exactamente lo que quiere. Un 80 % lo que quiere, y un 20 % lo que cree que está bien. Aún cuando siga teniendo ganas de hacer lo contrario. Toda mi vida siempre me ha dado más resultado desconfiar un poco de mí mismo que hacer exactamente lo que quiero.

 

Además de la desfachatez erótica, más propia de la literatura pornográfica que de la tradición la narrativa latinoamericana, el humor es el signo distintivo más llamativo de tus libros.

Te voy a decir una obviedad al respecto: el sexo y el humor son mis maneras para soportar la vida. Pues yo no sé por qué, pero a mí la vida me resulta insoportable…

 

¿En qué sentido?

Es un aburrimiento permanente, una ansiedad terrible, que ningún psicólogo puede solucionar. O tomo whisky, o tomo mate, o fumo, pero no puedo estar tranquilo. Y no lo digo queriendo aparentar ser un maldito, ya que soy un conservador, pero no puedo vivir sin estímulos. Me he planteado para verano de 2005 que sea el año de la Felicidad. Para Birmajer. No como los chinos que ponen grandes carteles en las plazas. Pero en enero me di cuenta de que era profundamente infeliz, entonces me dije, bueno, ya que esto no voy a lograr, me propongo que este año fuera de la tranquilidad… Pero la calma no la encontré nunca, desde que tengo uso de razón. Lo único que me permite sobrellevar esta situación es reírme, o ponerme a escribir. Soy el clásico bipolar, un maníaco depresivo en un nivel totalmente cuerdo. A lo mejor mi problema se solucionaría con una medicación, pero para mí las dos medicaciones son la risa y el sexo.

 

A propósito del sexo, también debías en este asunto debías tener maestros literarios, empezando por Bukowski y pasando por Philip Roth.

A mí Bukowski no me parece un buen escritor, aunque sí, divertidísimo. Pero no puedo dejar de reconocer mis deudas con él. Luego, aunque considere mi maestro exclusivo a Singer, Tres mosqueteros es deudora de Roth. De La operación Shylock y El teatro de Shabat, que me dieron permiso para jugar con el sexo.

 

Pero Roth también es inspiración para el humor. En este aspecto te suelen comparar con Woody Allen también.

No, mis tres humoristas preferidos son un escritor que acaba de morir, Ephraín Kishon, un israelí de origen húngaro que para mí tiene la prosa más austera de los tres que voy a mencionar. O sea, Kishon, Singer y luego la ironía salvaje de Roth. Me parece que los de Woody Allen son chistes que pueden usarse en cualquier parte, mientras que el humor de Singer se deduce de la trama.

 

Por lo visto maestros argentinos no tienes. ¿Cuál es tu relación con Argentina?

Como autor, cada vez más sólida. Creo que pertenecer a un país que está en permanente crisis económica, arreglárselas para sobrevivir en el país más europeo latinoamericano, no es lo mismo que escribir en Manhattan o en Barcelona. Da una serie de vitaminas y de recursos muy distintos a los de las ciudades desarrolladas.

 

Da la impresión que en el plano literario tus relaciones con Argentina no son tan sólidas… Tu no figuras en ese canon argentino en el que los protagonistas contemporáneos son Saer, Aira y Piglia…..

No tengo la menor relación con ellos. No los leo directamente. Y no tengo ninguna expectativa de que ellos me lean a mí…

 

¿Pero los ignoras con conocimiento de causa…?

En algunos casos los he empezado a leer… Pero lo cierto es que tengo un prejuicio malsano por el tipo de elogios que les dedican: que no cuentan historias, toda esa cuestión del juego del lenguaje… Pero jamás hablaría mal de ellos. No están en mi camino, no he pasado por ellos, cualquiera puede ver que yo no provengo de esa tradición…

Lo importante es atacar a los farsantes, y ninguno de ellos me parece un farsante. Esto es una sana indiferencia, mútua además, aunque mucho más justificable en el caso de ellos hacia mí. Yo sí que tendría que interesarme por ellos de un modo.

 

¿Por qué?

Por el lugar que ocupan en la literatura argentina. Lo que sí contribuye a mi prejuicio es el excelente lugar que ocupan en la academia argentina, y la verdad es que la academia argentina me parece despreciable. La mayoría de los pensamientos que surgen de las facultades de letras de Argentina me parecen de los peores enemigos de la literatura en general. El odio contra la historia, el odio contra los cuentos clásicos me parecen.., bueno, no cosas peligrosas, porque no tienen un efecto real, pero sí se pierde mucho tiempo, se gasta papel…

 

¿Y los verdaderos maestros de la prosa argentina?

Para mí es innegable la influencia de Bioy Casares. Y Cortázar es un cuentista grandioso. Luego hay esos escritores que trazan caminos que no se puede seguir, como Kafka.  Borges fue uno de esos escritores. Pero él es un cielo literario. Me siento muy afortunado y privilegiado de haber nacido en la misma nación que Borges, además de que era el más inteligente de todos los argentinos por lejos, y uno de los más inteligentes del mundo. Y valiente, ¿no?

 

Entonces en la literatura eres un conservador o anglosajón, que a lo mejor es una redundancia. Pero en Francia o en América Latina se cuestiona la trama…

 

Todo viene de la Biblia: Caín mató a Abel. No hay de otra manera. No hace falta reinterpretarlo. La cosa es montarla como si sucediera. Y si no sucedía, es montarla como si hubiera sucedido.

 

Pero a ti no te duele que no tengas un reconocimiento crítico o, de otra manera, te basta que tengas sólo el reconocimiento del público.

No, no me basta. Pero lo primero que quiero hacer es contar bien una historia. Una vez publicado el libro, siento una ambición inmensa por el dinero y el reconocimiento. Y siento una enorme tristeza cuando no consigo una de esas dos cosas. Aunque conseguir dinero me consuela por la falta de reconocimiento, pero el reconocimiento no me consuela por la falta del dinero. Hasta hace poco me dolía mucho la falta de reconocimiento crítico. Pero acabo de salir en The New York Times, y no de cualquier manera. Me dijeron maravillas de mí y me situaron exactamente donde me gustaría estar situado: cerca de Singer. Ya no me hace falta ninguna crítica.

 

 

Además de cuentos y novelas, escribes también guiones. Este año Abrazo partido ha sido nominado al Oscar.

Abrazo partido es una película entrañable, hermosa, recordable…, pero no es una gran película. Por supuesto es mucho mejor que Mar adentro, que no vi, pero casi seguro que es mejor. Lo que pasa es está hecho con cierta desprolijidad, la cámara se mueve mucho… No es para quejarse y decir que es una película genial que debería haber ganado.

 

Tus opiniones contundentes alcanzan incluso a los perros. ¿Qué tienes contra ellos?

Te voy a decir un solo dato que explica todo: miedo. Les tengo miedo y a partir del miedo invento teorías y los ataco de distintas maneras, pero es lo mismo que con el sexo: no es que crea que mis manías tienen que funcionar con el resto de las personas. Un escritor toma sus obsesiones personales para inventar teorías que nunca funcionarían en la realidad y que no tienen nada que ver con ella. Yo soy un egoísta, y no espero tener razón cuando escribo. Espero divertir, inquietar, emocionar, no convencer.

 

¿Y qué pasó cuando escribiste contra los perros?

Me atacó todo el mundo, me querían matar. Es verdad que decía barbaridades, pero no se dieron cuenta de que eran una serie de chistes que no tienen ningún tipo de funcionalidad, no tratan de adoctrinar a nadie. La literatura no es un manual para la vida, no es el Manifiesto Comunista. Yo soy mucho más sensato y no pretendo convencer a nadie. El Manifiesto Comunista era mucho más irreal que mis teorías porque quería modificar el mundo.

 

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