Defensa sostenible del Fòrum

 

(Lateral nº 117 septiembre de 2004)

Desde que se inaugurara a bombo y platillo hace cinco meses, no ha cesado el bronco run run contra el Fòrum Universal de les Cultures de Barcelona. Intelectuales resentidos, vecinos eternamente insatisfechos y profesionales de la queja no dejan de hablar en su contra. Ahora que está a punto de terminar, es el momento de salir en su defensa.

A pesar de los ímprobos esfuerzos de los organizadores y el respaldo casi unánime de los mass media de Cataluña, al Fòrum de Barcelona le salieron enterradores por doquier, incluso antes de que se inaugurara. ¿Cómo se atreven a juzgar por adelantado? Es como dejar de leer un libro por el mero hecho de que sea horrendamente aburrido. Y éste ni siquiera ha sido aburrido. Al contrario, yo he visto a mucha gente divirtiéndose a su costa, y me imagino que en el lado opuesto también se han divertido de lo más lindo. 327 millones de euros de presupuesto de partida –o de partido– da para pasarlo en grande.

A lo mejor estoy apresurándome, y muchos de nuestros lectores (incluidos los catalanes) ni siquiera saben aún lo que es este magno acontecimiento cultural que, según su lema, “moverá el mundo”. Reconozco que no es fácil saber a ciencia cierta lo que es el Fòrum de Barcelona 2004 (¡oh, esas odiosas sonrisas socarronas cada vez que se pronuncia su nombre!), pero reconozcan ustedes también que ninguno de los acontecimientos que movieron el mundo fueron reconocidos a su debido tiempo: ni el sistema decimal impositivo de Moisés, ni las parábolas amorosas de Jesús, ni las ficciones sociales de Karl Marx. En este sentido, pues, el Fòrum tiene las mejores cartas para pasar a la Historia.

Su significado oculto, el enigma de su existencia, recuerda a las teologías de máxima trascendencia y mayor difusión. Como a los demiurgos más temidos, sólo es posible definirlo de manera negativa. Cuando se barajó la posibilidad de que se tratara de una Exposición Universal, los Organizadores rechazaron la insinuación. Tampoco resultó ser una olimpiada cultural, un megafestival de verano, ni un parque temático de la paz, la sostenibilidad y la tolerancia, esa Santísima Trinidad de la posmodernidad, que constituye el eje espiritual del evento. Tampoco crean ustedes que están ante una fiesta popular; para ello, tendría que haber sido eso, una fiesta, y encima  popular.

Al final, los Organizadores decidieron cortar por lo sano el cachondeo poniendo etiqueta a lo Innombrable, y acallaron a los insistentes con un rotundo “el Fòrum será algo nunca visto”. Hay que ser un amargado para no ver en esta fórmula magistral un mensaje positivo y honesto. Resulta mucho más realista cumplir con lo inimaginable que con las cosas de siempre que la gente espera de los políticos. ¡Y vaya si han cumplido!

Para empezar, durante estos meses de Paz, Tolerancia y Sostenibilidad, los barceloneses hemos tenido a nuestra disposición un sinfín de seminarios, congresos, jornadas, mesas redondas y conferencias sobre las cuestiones más candentes de la Humanidad. Lástima que estos diálogos han logrado despertar interés sólo cuando el dialogante fue una estrella de la Buena Conciencia, como es el caso de nuestro canario honorario José Saramago. Por otra parte, se ofrecía una amplio abanico de diversiones populares, con preferencia por las manifestaciones multiculturales y/o/e/u de cierta carga simbólica en este sentido.

Me refiero a espectáculos como la Sardana gigante (un género arriesgado hasta en su versión más minimalista), dibujando el logotipo del Fòrum, o al desfile de samba en el que nuestro comprometido alcalde –a pesar de su manifiesta incapacidad para el ritmo– eclipsó con su baile a un famosísimo cantante brasileño. Podría nombrar también la banda palestino-isrealí que hizo una viva demostración de que sí es posible la paz en Tierra Santa, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar por ella un altísimo precio musical.

Para aprovechar sinergias y multiplicar el efecto dinamizador –dos conceptos de candente actualidad–, el Fòrum ha colonizado la ciudad, incluyendo en su programación el habitual menú cultural de Barcelona. Y con ello, se han conseguido matar dos pájaros de un tiro: hinchar la problemática oferta del Fòrum, y convertir Barcelona en una especie de zoo de la corrección política en el que cada uno de sus habitantes cumplíamos el papel del figurín voluntario, eso que tanto le ha faltado al evento.

Sin embargo, precisamente en este punto creo que se han quedado un poco cortos los Organizadores. ¿Por qué sólo Barcelona? ¿Por qué acotar el terreno a una sola ciudad, tratándose de un proyecto tan ambicioso, tan universal? ¿Por qué no invertir el proceso de globalización? ¿Por qué no atreverse, e ir más allá? ¿Por qué no extender el radio de actuación a todo el planeta? Piensen en las enormes ventajas de esta opción: hasta las guerras se librarían como life shows para ilustrar los diálogos de Barcelona. Además del impacto universal, el ahorro sería considerable. Como todo el globo sería escenario del Fòrum, nadie ni nada tendría que moverse ni cobrar su caché.

Pero seamos realistas y resignémosnos a lo imposible. Se ha hecho lo que se ha podido, lo cual no es poco, incluso, a veces, parecía demasiado. Piensen ustedes en iniciativas tan ocurrentes como la de aportar sangre joven y parlanchina a conciertos de música clásica carentes de público. Recuerden cómo nuestras plazas públicas se han llenado de músicos ambulantes, pero no mendigantes, para hacernos la vida más sostenible, a costa del pobre Fòrum. Inspírense en el rincón de la protesta social donde se podía uno ensañar con una cacerola colgante.

Hasta improvisar se ha sabido con soltura y eficacia. Cuando la filtración de los guerreros chinos, ¡apa!, los albañiles; cuando subió la temperatura, pusieron una playa muy mona, con escaleras y to, donde uno podía darse un solidario chapuzón; cuando resultó evidente que faltaba público, pusieron una discoteca; y cuando la peste a causa de la depuradora sobre la que se asienta la plaza del Fòrum, ipso facto, cerraron el chisme y –debajo de los diálogos sobre un mundo mejor– el detitrus iba directo al mar. Al menos, según las malas lenguas, que nunca faltan.

Yo no entiendo por qué ese resentimiento contra tantas buenas intenciones. Pero ¿qué quieren? ¿Hubieran preferido que nuestro dinero de contribuyente se gastase en guerras e intolerancia? Además, tampoco es cierto que a nadie le agrade el Fòrum. A los niños les encantaba. Casi tanto como Disneyland. Tengo, además, una amiga editora que defiende el Fòrum a ultranza porque le ha dado trabajo a todos sus amigos payasos y saltimbanquis. Al parecer tiene un montón. También Josep, mi peluquero, afirma tener un cliente al que le gusta, pero dice que no vale porque se trata de un estudiante universitario, cuya participación en los debates se amortiza con créditos de libre elección.

Josep, catalán de tierra adentro, es así: incapaz de entusiasmarse. Se queja de que le traigan al Fòrum pobres desde el extranjero, cuando justo al lado tenemos La Mina, el barrio más degradado de Barcelona. No es cierto, Josep. Los diálogos han acogido hasta auténticos presos catalanes; lo que pasa es que se escaparon, ¿qué le vamos a hacer? Pero Josep es terco, y para opinar sobre los resultados quiere ver una hoja de Excel a la entrada de cada evento con el precio que nos ha costado. Es de aquellos suspicaces que preferirían que los presupuestos del Fòrum se hiciesen públicos y comprobables, ítem por ítem.

No te preocupes por presupuestos, Josep, nuestro dinero está tan bien invertido como gastado. Hoy, 20 de septiembre, me disponía a regresar al despacho para terminar esta nota, cuando he escuchado por la radio que el balance financiero casi definitivo del Fòrum es muy satisfactorio. Es una pena que pocos le vayan a dar crédito a estas esperanzadoras cifras. Sin embargo, el director encargado de divulgar la buena nueva no ha dejado lugar a la duda: no habrá déficit, pero –seamos realistas– tampoco superávit. Y para mayor claridad añadía: “En el sentido empresarial estamos a cero”. ¡No sea tan modesto, señor Oliveres! Muchos pensamos que lo están también en todos los demás sentidos.

Advertisements

Leave a comment

Filed under Közélet, Kultúra, Politika, Publicisztika

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s