Adiós a Bolaño

(Lateral nº 105, septiembre de 2003)

Al entrar en mi despacho por la mañana del pasado 15 de julio, encontré un post it en mi mesa que decía: “Esta noche ha muerto R. Bolaño. Podrías dedicarle tu editorial…”  Lo estoy intentando desde hace más de una semana, pero además de un gran escritor, Roberto ha sido un amigo y me siento incapacitado de redactar una necrológica literaria.

 Ya no me acuerdo si fue Bolaño o yo quien sacó el tema, el caso es que estábamos discutiendo sobre si los artistas mueren en su debido tiempo. Los dos teníamos una gran facilidad para enzarzarnos en ese tipo de debates de adolescentes, pero…, la verdad es que no hay ningún pero porque esta frase ha empezado mal y no hay quien la enderece. ¿Qué es eso de “teníamos una gran facilidad…”? Yo sigo teniéndola pero, bien mirado, ya tampoco puedo decirlo en presente. Ahí está: la muerte como problema gramatical, un tiempo imposible de conjugar con los demás tiempos.

El protocolo de esas pláticas requería un enfrentamiento de posiciones incluso cuando estábamos de acuerdo, que era la mayoría de las veces. Para buscar la posición opuesta, describíamos círculos completos, llegando a ocupar la postura del adversario. Y no es que Bolaño fuese precisamente un hombre de opiniones débiles o flexibles. Pero entre un provocador como él y un dialéctico como yo, esa coreografía era inevitable. No era la opinión la que cambiaba, sino el objeto de la conversación hasta dar con el punto de la discordia, el único lugar desde donde se puede desarrollar alguna idea nueva.

Pero aquella vez las posiciones estaban enfrentadas desde el principio. Mi improvisada tesis con apariencia de provocación largamente madurada era que todos los grandes artistas mueren con la obra acabada, incluso aquellos a los que les toca morir escandalosamente jóvenes. “Todos no”, dijo después de un pequeño silencio. “Hay muchos que murieron antes de tiempo, y que hubieran podido dar mucho más de sí”.

Hablaba tan lento que me parecía oír su pensar. Tenía una voz ronca y grave de hombre mayor y enfermo, que yo tomé por coqueteo. Su acento no era chileno, ni tampoco mexicano y mucho menos español. Tenía una dicción apátrida y, al tiempo, inconfundiblemente personal. Como su escritura. Allí no había otra referencia que él mismo. Ni patria, ni edad, ni clase social o profesión. Hasta el profesor Higgins hubiera sido incapaz de ubicarla, pero cualquiera que la hubiese escuchado alguna vez la reconocería sin el menor titubeo.

Los proyectos de Kafka

Libramos entonces un duelo sobre las muertes prematuras más memorables de la historia y, cómo no, salió el nombre de Kafka. Según Bolaño, la muerte le impidió escribir algunas obras maestras más. “Aunque hubiera vivido 80 años, razoné, no hubiera sido más Kafka que lo que llegó a ser, ni mayor escritor ni tampoco más revolucionario”. Pero Bolaño no se dejó impresionar. Empezó a hablar de la inconclusa América y de los proyectos que Kafka tenía en mente. Sólo ahora acabo de darme cuenta de que estaba hablando de sí mismo. A lo mejor ni él lo sabía. Esa inocencia forma parte de las charlas adolescentes de los adultos. “¡Aún no hemos decidido si existe Dios y usted ya quiere comer!” exclamó Belinsky, el mayor crítico literario ruso del siglo XIX, cuando el mayordomo interrumpió una discusión con un amigo para anunciar la cena. Bolaño jamás hubiera ido a cenar antes de decidir semejante cuestión, y si llegó a alimentarse era porque no tenía la menor duda de la existencia de su Dios, la literatura.

Reconozco que no hay ninguna novedad en que un escritor tenga en alta estima a su profesión, pero reconozcan ustedes que no hay muchos autores capaces de sacrificar todo por ella. Hoy recordamos a Bolaño como una estrella rutilante en el firmamento de las letras hispánicas. Pero hasta los 43 años de edad, concretamente hasta la publicación de La literatura nazi en América en 1996, y, sobre todo, hasta su fichaje por Anagrama el año siguiente, Bolaño había sido un intelectual lumpen, un apestado de las letras, algo menos que un fracasado: un perfecto desconocido.

Hay que tratar de imaginar esos largos años de marginación. ¿Qué es lo que lo mantenía vivo? ¿Por qué no tiraba la toalla? ¿Por qué seguía escribiendo? Un año, dos años, diez años… Hasta que uno tiene 20, o 25, incluso 30 todavía… ¿Y después? Cuando se llega a los 35 y se sigue malviviendo y ninguneado, ya no hay ilusión que valga. Pero él no cejaba.

Además de consagrar su vida a la literatura sin ninguna gratificación, ésa ha sido la principal temática de sus libros. En eso se parece a Vila-Matas. Pero Bolaño carece de la distancia irónica de ese otro mitómano. Para él la vida no es literatura, sino al revés. Gracias a esa equivocación logró convertir uno de los temas literarios más pobres –la vida de artistas, el desafío de crear– en una épica tan grotesca como trágica: para sus melancólicos y frustrados personajes el arte era una cuestión de vida o muerte, una lucha por la supervivencia y una prueba de autenticidad. Y estos sí que son grandes temas narrativos.

Se dice que la vida continuamente reescribe las obras, pero en realidad es la muerte el único gran coautor. Es cierto que el tiempo, los años y las nuevas generaciones hacen su pintarrajeo y cambian la cotización, pero sólo esa cesura que separa la vida literaria de la eternidad obliga una repaso cabal. Sólo ahora me doy cuenta, por ejemplo, de que la muerte y su órbita son omnipresentes en la obra de Bolaño, que se puede entender, entonces, como una especie de premonición. Hay piezas rotas poco valoradas ahí que se colocarán en su lugar, hay escenarios de la derrota y la tristeza que ahora se iluminarán, se atarán cabos sueltos y algunos enigmas se resolverán. Incluso, tal vez, el mayor de todos: su dilatada marginación y su fulgurante éxito final.

Con la eterna excepción de Goethe, ni los más grandes podían conservar la plenitud. Pero Bolaño se dedicó a la escritura desde su adolescencia y sólo en los últimos siete años de su truncada vida de medio siglo logró crear una gran obra. No es que sus libros anteriores sean flojos. Son más innovadores que la mayoría de los que fueron aclamados en esa época de exaltación editorial. Pero comparado con sus propias obras finales –La literatura nazi…, Llamadas telefónicas, Estrella distante, Los detectives salvajes, Amuleto, Nocturno de Chile, Putas asesinas…– efectivamente son libros menores.

Pero ¿qué le ha pasado en estos últimos años? ¿Por qué esa erupción del genio creativo? ¿Cómo es posible escribir tantos libros extraordinarios en tan poco tiempo? Tiendo a pensar que la conciencia de su mortal enfermedad desencadenó esa energía enfurecida y desesperada que lo convirtió en unos de los grandes escritores de nuestro tiempo. Sus últimas obras son productos, entonces, de una carrera contra la muerte a la manera de Reinaldo Arenas, que sidoso y agonizante redactaba su obra maestra, Antes que anochezca.

Nada de eso sabía o quería saber yo, aunque él actuaba como un hombre gravemente enfermo que le quitaba importancia a su mal. Ha sido una muerte anunciada que, sin embargo, me pilló desprevenido. Una muerte incomprensible, estúpida e injusta en toda regla, que me hace entender muchas cosas y me deja sin comprender nada.

Pero en cuanto a tu obra, no sé qué decirte, Roberto. Parece como si acabaras de darme la razón en nuestra discusión sobre la muerte de los escritores. Aunque hubieras vivido 80 años, no hubieras sido más Bolaño que lo que llegaste a ser, ni mayor escritor ni tampoco más revolucionario. Pero luego pienso que todo esto no me sirve una mierda. Me siento como un personaje tuyo: perdido, derrotado y sin conclusiones que valgan. Porque la verdad es que tampoco logra consolarme la eternidad que acabas de adquirir, y en la que, a propósito, nunca creías.

 

Advertisements

Leave a comment

Filed under Könyv, Kultúra, Publicisztika, Web

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s