Münchausen

Aventuras del Barón Münchausen

Ediciones de Edhasa (Barcelona) y de Anaya (Madrid)

(Lateral Nº 75, marzo 2001)

Entre todos los formidables charlatanes de la literatura universal el barón Müchausen es el locuaz más memorable. Mentiroso compulsivo y fanfarrón, de fantasía desbordante y de verbo fluido, sus historias resultan divertidas por absurdas. En su viaje a Rusia, por ejemplo, no sólo descubrió la excesiva afición de los nativos a las bebidas fuertes, sino también la manera de no emborracharse aun bebiendo como un cosaco. La solución le inspiró un viejo guerrero que llevaba siempre puesto el sombrero porque en un combate había perdido la tapa de los sesos. Pues, este ex general, que tragaba varias botellas de vodka con cada comida, jamás llegó a dar muestras de embriaguez ya que, ahí está el truqui que descubre Münchausen, levantando de vez en cuando el sombrero, dejó evaporar “los humos de las bebidas espirituosas que había trasvasado”. El barón, que siempre insiste en decir la verdad, tiene en su haber una caza en que su galgo preñada da a la luz seis cacharros persiguiendo una coneja asimismo embarazada que, por su parte, también deja seis conejitos por el prado durante la correría. Puro Alice en el país de las maravillas.

“La íntima conexión de esas mentiras, que se encadenan tan naturalmente unas con otras –escribía Théophile Gautier en el prólogo a la edición francesa de 1852–, acaba de destruir en el lector el sentimiento de la realidad…”  Un efecto muy moderno, valga añadir; y no es de sorprender que estas historias nacieran en la órbita del Sturm und Drang, cuna de nuestras incertidumbres acerca de lo real.

Las aventuras del barón (que, al igual que Los viajes de Gulliver, originariamente no fueron lecturas juveniles) se vuelven a publicar ahora en dos ediciones directamente opuestas. La de Edhasa (dentro de la nueva colección Los libros del tesoro) es todo lujo: formato grande, tapa dura, con el prólogo de Gautier y generosamente ilustrada por el siempre inspirado Gustave Doré. La que publica Anaya, con el prólogo de Emilio Pascual y las ilustraciones de Enrique Flores, es sencilla y didáctica, armada de glosario y explicaciones. Pero, además, los dos libros ni siquiera proceden del mismo autor.

La edición de Anaya está firmada por Rudolf Erich Raspe (1737-1794), un estrafalario personaje que, a causa de fundadas acusaciones de malversación y hurto, tenía que huir de su Alemania natal. Se aterrizó en Inglaterra donde volvió a acumular deudas y recurrir a fondos ajenos. Perseguido y marginado, jamás pudo beneficiarse de la popularidad de su libro, que, por cierto, había escrito en inglés.

Su obra se hizo internacionalmente conocida gracias a una versión (¿un plagio?) de Gottfried August Bürger (1747-1794), quien tampooco llegó a forrarse con uno de los libros más leídos de la época. Figura central del Sturm und Drang, uno de los maestros fundadores del romántico género de las baladas –entre ellas la de la antológica “Leonore”, que al inglés fue vertida por Walter Scott–, Bürger fue un bohemio de trágicas dimensiones: había vivido en matrimonio con dos hermanas, se había casado luego con una joven que le ponía todos los cuernos que una ciudad germana de mediano tamaño pudo dar de sí. Era alcohólico y murió de tisis. Si el barón Münchausen hubiera incluido en su repertorio la vida de sus autores, sus lectores le habrían dicho que volvía a mentir. Y que siguiera haciéndolo, porque esto es lo que les encantaba.

Advertisements

Leave a comment

Filed under Irodalom, Könyv, Kritika, Kultúra, Web

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s