Jaime Bayly: La noche es virgen

(Anagrama, Barcelona, 1997; Lateral Nº 38, febrero, 1998)

Además de un exitoso presentador de televisión, el peruano Jaime Bayly (1965) es uno de los escritores latinoamericanos más ampliamente reconocidos de la nueva generación. Sus tres novelas anteriores (Los últimos días de La Prensa, No se lo digas a nadie y Fue ayer y no me acuerdo), al igual que sus cuentos, tratan al mismo mundillo gay hispano, por lo general con alguna relación con los medios de comunicación. Su nueva obra, que ha sido distinguido con el último premio Herralde, tampoco es una excepción: es la historia amorosa de Gabriel Barrios, famoso y joven presentador de la televisión limeña con un chico roquero. Ambientes y jergas nocturnos, marihuanay coca, música rock y ropa interior masculina comprada en Miami y poco más.

Si sobre escenarios heterosexuales se ha escrito la casi totalidad de la literatura universal, incluida la hecha por homosexuales, el mundo gay también ofrece infinitas posibilidades. Sin embargo, Byly parece limitar voluntariamente su espacio. Su novela, por lo demás divertida y dinámica, plantea, ante todo, el problema de la repetición. Esos liguecitos, gays o no, no dan para mucho. Luego, la historia de La noche es virgen es algo más pobre que la de sus otros libros, por tanto, el peso de la narración se apoya en el discurso del narrador, que es el mismo protagonista. Hay que decir que Bayly es un escritor muy dotado para recrear lenguaje. En este sentido La noche es virgen es acaso el libro más virtuoso de Bayly: con una historia mínima alcanza una obra de cierto aliento. Su libro es un festín no sólo de los giros más disparatados y divertidos (para decir colocado, dice estoy estón, estonazo, requetestón o en lugar de darse por el culo utilizan el más poético medir el aceite), sino que mediante el discurso loco y cínico del protagonista (despectivo tanto con los valores burgueses como con los pobres) logra crear un personaje. ¡Pero ojo con este personaje! Por el tratamiento paródico y reduccionista que le da, el mundo estrechísimo y simplón (inclusive en lo erótico) que reperesenta, antes que gay o personajón televisivo, Gabriel Barrios aparece ante el lector como un perfecto imbécil, cuyo discurso puede funcionar una o dos veces, pero no mucho más.

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Filed under Irodalom, Könyv, Kritika, Kultúra, Web

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