Espectáculos de aquí y de allí

(Lateral nº 30, junio de 1997)

Más allá de las noticias mismas, los medios de comunicación proporcionan una información subliminal verdaderamente iluminadora; sobre todo si hacemos una lectura lateral, como la que sigue aquí en relación con un acontecimiento y una simple fotografía.

El 23 de abril el planeta Tierra amanece con júbilo. No precisamente por ser el día Internacional de Sant Jordi y del Libro, sino porque –tal y como informan las noticias matutinas mientras estoy afeitándome– las unidades especiales de las Fuerzas Armadas de Perú liberaron a los 72 rehenes de su cautiverio de 126 días en la Embajada del Japón. La cuchilla tiembla de emoción en mi mano. El locutor destaca que se ha logrado evitar el baño de sangre que estadísticamente corresponde a tales operaciones: han muerto tan sólo uno de los rehenes y dos de los asaltantes, además de, claro está, la totalidad de los guerrilleros del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. A renglón seguido, informan de que todas las fuerzas políticas de Perú apoyan la acción y que, literalmente de la noche a la mañana, la popularidad del presidente Fujimori ha subido como la espuma. Mi espuma de afeitar, en cambio, baja velozmente como consecuencia del enérgico movimiento que me inspira la sucesión de las maravillosas nuevas.

Conectan con el corresponsal en Lima que confirma la noticia: celebración nacional e internacional por la prodigiosa hazaña de haberse evitado la tragedia. Asimismo se reafirma la creciente popularidad del presidente peruano. También mi conmoción va in crescendo y el rutinario aseo facial empieza a adquirir visos de una ceremonia preparativa para acudir a una decisiva cita amorosa.

Interviene el embajador español en Perú y reitera la noticia: acción providencial, baño de sangre evitado (la liquidación de todos los guerrilleros, como el valor de los militares, ya se supone), alegría universal, apoyos, respaldos y congratulaciones. Con voz apesadumbrada, el diplomático español se permite una interpretación: el gobierno peruano no ha tenido otra salida, ya que todas las otras vías se han agotado y las conversaciones se estancaron hace ya un mes. Con una inesperada recaída en el profesionalismo, el periodista le recuerda al embajador que un mes antes Fidel Castro acordó con su compañero peruano dar cobijo a los guerrilleros. ¿Por qué no se optó por esta solución? El embajador no elude la provocativa pregunta y, poniendo el dedo en la llaga, explica que todas las otras vías de salida de la crisis se han agotado y las conversaciones se estancaron hace ya un mes… La sutil matización del diplomático me pilla por sorpresa y me hago un pequeño corte en el mentón. Brota una gota de sangre a través de la espuma blanca creando una resultona combinación. Me limpio la cara apresuradamente: no vayan a creer que, mediante un simbolismo barato, estoy haciendo homenaje a los 17 muertos omitidos que, aunque guerrilleros, fueron también personas.

Pocas cosas me resultan tan ajenas, estúpidas y peligrosas como esos delirios armados que representaban los guerrilleros peruanos. Entre ellas se encuentran acciones como su aniquilación en medio de la euforia mediática y política. No hacía falta ser adivino para saber, desde las primeras noticias, lo que se confirmó después por testigos oculares: el insuperable porcentaje de bajas entre los secuestradores se debió a una orden de no dejar vivo a nadie, independientemente de que se resistieran o, como fue el caso de varios, se rindieran.

Aprobación popular

Sabemos quién es el ingeniero agrónomo Fujimori; su actuación, por tanto, no sorprende. También hay que encajar (no sin cierta acrobacia ideológica y ética) que acciones semejantes suelen gozar de la aprobación popular. Lo que realmente llama la atención en lo ocurrido es la reacción entusiasta de la mayoría de los medios, sus reflejos sorprendentemente condicionados. Al fin y al cabo se trata de gente sensible que con tanta facilidad se indigna ante cualquier injusticia y que se arriesga a hacer disquisiciones anatómicas sobre las apófisis transversas de un etarra asesino, presuntamente maltratadas durante su detención con la pistola aún echando humo.

Celebro la liberación de los rehenes, pero no veo por qué esa satisfacción tendría que hacerme ignorar el asesinato colectivo de los secuestradores ni el hecho de que pudo haber una solución pacífica. Quedó demostrado, además, que los guerrilleros estuvieron en condiciones de hacer una masacre entre los secuestrados. Pero no la hicieron, a pesar de que esto era lo que exigía la lógica revolucionaria; no por venganza, sino para aguarle la posterior fiesta al presidente Fujimori. Miremos por donde miremos, pues, los guerrilleros de Tupac Amaru pecaron de ingenuidad y, acaso, de idealismo. Un error que nuestros etarras jamás hubieran cometido. Ellos son profesionales serios, cuya única causa es perpetuar un conflicto que les permite la supervivencia. De ahí esa asombrosa dialéctica que les da licencia tanto para rechazar la ley, como para beneficiarse de ella.

No hace mucho se dio una muestra particularmente elocuente de su habilidad bicéfala. Los dirigentes de HB, órgano legal de ETA, fueron encarcelados por no haber acudido a declarar al Tribunal Supremo, cuya legalidad (al igual que la de cualquier organismo del Estado español) no reconocen. Preferían el martirio, al menos hasta que se les rebajó la fianza a 500.000 pesetas. Por otra parte, el más conocido de esos líderes y diputado en las Cortes Generales (las que, naturalmente, no reconoce ni frecuenta), apañó percibir de ese organismo extranjero una suculenta jubilación, una especie de plan de pensión estatal. En fin, lo tienen bastante bien montado.

Con todo, una pequeña grieta parece haberse abierto en la sólida muralla de esa organización radical que está empeñada en cambiar el status quo del País Vasco, opine lo que opine la mayoría de sus habitantes. El 19 de abril los papeles publicaron una fotografía enternecedora que constituirá un punto de inflexión en la historia de la organización: Jone Goirezelaya, abogada de HB, ofrece un baile folklórico de bienvenida a los líderes que acaban de comprar su libertad. Formados en semicírculo alrededor de la abogada, vestida de tradicional moza vasca, ninguno de los presentes se atreve a mirar directamente el espectáculo. Cabezas agachadas, miradas de reojo, perplejidad y vergüenza propia se ve en la foto, y algunos visiblemente están arrepentidos de haber pagado la fianza. Lo que hay que tragar por la Causa. ¡Como si no hubiera sido suficiente enfrentarse con los carceleros…!

Con su espectacular acción, Fujimori no ha cambiado gran cosa porque sigue incólume una realidad que volverá a empujar a otros jóvenes hacia soluciones mesiánicas. En el País Vasco, en cambio, no la situación social, sino el oportunismo político constituye el principal respaldo a ETA / HB. ¿Quién sabe?, unos espectáculos folklóricos más, si es posible en presencia de los líderes del PNV, a lo mejor podría imponer una solución pacífica.

 

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Filed under Közélet, Politika, Publicisztika

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