Yehudit Katzir: Cerrando el mar

 

Lumen, Barcelona, 1996 – lateral 25, enero 1997

Ni su breve historia ni su literatura conocida por esos lares permiten concebir a Israel como un país normal. Por tanto, casi resulta chocante toparse con este libro donde, en lugar de violentos enfrentamientos étnicos, religiosos, etcétera o de disquisiciones sobre la identidad nacional, encontramos las mismísimas tragedias cotidianas que acechan a cualquier ser normal: la muerte de un ser querido, la ilusiones perdidas de la infancia, la soledad y el fracaso o los sueños que se convierten en pesadillas. Cuatro son los relatos que recoge el volumen de la joven autora oriunda Haifa (una ciudad tradicionalmente de pacífica convivencia entre árabes y judíos), quien demuestra una capacidad de evocación de veras extraordinaria. No es simplemente la recunstrucción fiel y envolvente del pasado lo que impacta en sus mejores cuentos. Se trata más bien de poder crear una una intensa relación entre pasado y presente, una implicación, que permite sentir la inmensa pérdida que causa el tiempo. En este sentido, el más logrado y conmovedor relato es “Schlaffstunde”, historia de un edénico amor adolescente entre primos y evocada desde un presente adulto y cuerdo, cuando ya todos los sueños se han podrido. En la misma técnica de monólogo de narradora femenina incide “Disniel”, que narra la historia de una hermosa e imposible pasión adultera desde el punto de vista de la hija, quien rememora los hechos, su infancia, ante la inminente muerte de su madre. “Los zapatos de Fellini” tiene la trama más original: la aventura de una joven camarera con pretensiones de actriz y de un director de cine ya mayor que aún no ha hecho ninguna. El cuento que da título al volumen (un desencuentro de dos amigas, un día extraño de una solterona solitaria) es una narración de corte tradicional, más plana y, sin duda, la que más puede llegar a gustar.

Y volviendo a la normalidad, como era de esperar, ni este libro deja de olvidar que se escribió en un país anormal: en lugar del dibalo, los niños evocan a Hitler en sus juramentos, el jefe judío usa como cenicero las manos de su subordinado árabe y la adolescente protagonista de “Schlaffstunde” está decidida a acostarse con su primo porque no quiere morir de virgen como Anna Frank.

Mihály Dés

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