Carta al lector (Librería Lagun)

(Lateral, Nº 14, febrero 1996)

Poco antes de que se convirtiesen en escándalo público los ataques de un movimiento independista vasco contra la librería donostiarra Lagun, en Barcelona cerraron la librería Europa por orden judicial. Lagun, aunque una de las mejores de San Sebastián, carece de una especialización política o sectaria y ofrece más o menos los mismos libros que otras librerías que, sin embargo, no han sido víctimas de agresiones que han ido desde romper los cristales y muebles de la librería y teñir de pintura sus libros hasta quemarlos en vivo delante de la tienda. En cambio, la librería Europa tenía un carácter marcadamente fascista y fue, acaso, el último reducto de producción, distribución, exportación y venta de la literatura racista y nazi en y para Europa. De ahí el acierto de su nombre.

Prohibir los libros (y, por consiguiente, los establecimientos que los divulgan) que incitan a la violencia, a la destrucción del consenso democrático o contra la convivencia pacífica entre distintas razas, etnias o religiones es una cuestión que suele preocupar mucho a las bellas almas porque semejante censura atenta contra el concepto de la libertad individual, Dios padre del monoteísmo contemporáneo. El demócrata culposo no sabe qué preferir: prohibir los libros que afirman que hay que molerle a palos o permitir divulgarlos, a ver si el verbo se hace carne, naturalmente molida. Por otra parte, si nos ponemos consecuentes, ¿dónde poner los límites? Si no hay derecho a censurar los libros de los fascistas, tampoco debe haber para prohibir sus actividades. Al demócrata angelical que está contra el cierre de una librería nazi, obviamente no está de acuerdo que incendien una librería normal y corriente. Pero según la lógica de su razonamiento tampoco puede estar en contra, al menos no hasta el punto de tomar (o pedir) medidas.

Alguno de ustedes me dirá que ese tipo de tolerante sin riberas y criterios escasea o, en cualquier caso, carece de impronta y peso social. Según el modelo que he expuesto, seguramente es así. Sin embargo, nuestra vida cotidiana está infectada de ese pacifismo democrático de no interferir, no comprometerse y que no es sino sinónimo de la hipocresía y la indiferencia. A corto plazo resulta también una actitud cómoda. Basta examinar el caso de las dos librerías.

La plaza nazi de Barcelona por el momento se ha acabado. Pero ¿quiénes y cuántos han exigido su cierre? Los medios hablan de protesta de ciudadanos y de movimientos cívicos. Fueron cuatro gatos, por lo general grupos de interés de la defensa de igualdad de razas, como S. O. S. Racismo. Pero ni yo, ni ninguno de mis conocidos ni posiblemente ustedes han movido un dedo que esa librería desaparezca. Incluso algo peor, al menos en mi caso. Me acuerdo que hace ya varios, cuando me enteré que en Liber, la mayor Feria del Libro de España, dicha librería fascista tenía un stand, me acerqué para ver que se ofrecía. Pero en lugar de proferirles un insulto o exigir que desaparezcan, me retiré incómodísimo cuando el tipo de la librería, que por lo demás apenas me llegaba hasta el hombro, me miraba desafiante. Sentí vergüenza, pero perversamente no ajena, sino propia.

Esa misma timidez cobarde, esa tolerancia cómoda, ese democratismo hipócrita han hecho posible la violencia contra la librería Lagun. Empecemos barrer en nuestro patio: los medios de comunicación. El escándalo de los ataques salieron alrededor de Navidad. Pero antes de que saliera la primera noticia, la librería había sufrido más de veinte ataques a lo largo del año. Da la casualidad que yo lo sabía, pero no hacía nada. Pensaba que ése es asunto de las fuerzas de orden y de los diarios, que en cierto sentido vienen a ser los mismos. Y si yo lo sabía, tenían que saber también ellos. Ahora es noticia, mañana ya no será, pero no por eso, la tienda de María Teresa Castells, dejará de estar en el punto de mira del ETA.

Lo que pasa es que en el País Vasco la pasividad y la evasión no es ante todo una cuestión de falta de coraje civil, sino de una hipocresía social asumida por autoridades e instituciones. Mucho antes del reciente escándalo, la librería denunció a la policía cada uno de los ataques. Nunca se hizo nada, pero sí se ha dado algunas respuestas pintorescas. Como, por ejemplo, que no pueden ir contra ellos, al fin y al cabo, son de los nuestros, aunque un poco desmadrados. En uno de los casos se les indicó que la pintura roja que vertieron sobre los libros, manchó los zapatos de los atacantes y las huellas llevan a un bar cercano. El policía se indignó: ¿cómo quieren que las fuerzas del orden se metieran en un lugar que es conocidamente del ETA. Con la misma lógica, las compañías de Seguros ya no quieren saber nada de la librería, que además de una canallada, es también una estupidez: no podría haber promoción más gloriosa para una multinacional, aunque le cueste algo de dinero (siempre mucho menos que cualquiera de sus campañas de imagen) que defender el derecho y la libertad en un caso tan señalado y mediatizado. Se podría seguir los ejemplos, pero ninguno superaría la reacción del Gremio de los Libreros de San Sebastián, que no estaba dispuesto manifestar su solidaridad con su afiliado vilipendiado con la excusa que se trata de un asunto político. Sin duda. Naturalmente no por razones librescas atacan los de HB y ETA (movimientos políticos y armados) la librería Lagun, donde uno de los trabajadores milita en partido democrático, contrario a ETA. Y desde luego, es un sucio asunto político negarse la actitud del dicho Gremio.

Según una reciente noticia, se han descubierto conexiones entre ETA y el IRA. Yo propongo otras. La librería Lagun ya en el 75 había sido atacado por los guerrilleros del Cristo Rey, por antifranquista. HB ha llegado a ser digno heredero de ese fascismo nativo. Pero tampoco es ajeno de él el europeo. Con su burda retórica vulgar marxista y su extrema ideología nacionalista corresponde exactamente a los dos elementos etimológicos de los que se compone el nacionalsocialismo, que también tenía cierta proclividad por quemar libros. A lo mejor todos esos vandalismos contra Lagun no es sino una operación de mercado porque están buscando una librería que les cerraron en Barcelona.

 

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Filed under Közélet, Politika, Publicisztika, Web

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